Tus labios tocaron los míos y el diablo me susurro algo al oído,
lo mejor de la noche eras tú brillando a la mitad del patio (como luna llena),
abrazada al tiempo que es la única verdad.
Sosteniéndome de las constelaciones bailaba con el sabor de tu cuello que ya había olvidado
regresando una vez mas a la delicadeza de tu olor discreto.
Con miedo de tu exterior como fantasma y limpio de todo poder
le pedí a mi piel que se impregnara de tu rebelión,
me contó sobre tus secretos,
puntos delicados hechos mito,
signos,
roces y
palabras.
Esta noche envuelve a las otras,
sucumbo ante lo falso de la muerte que ahora regalo entre tus manos,
te he mostrado un pedacito del mundo que guardo para ti,
protesto para no llamarte amor,
gozo de lo imaginario en un juego cruel elaborado de tu estructura que imagino habitar.
Y todo vale la pena tomándote de la mano,
aun siendo exiliado de lo imaginario,
esperando lo inexpresable del corazón,
creándote en este momento lleno de amen.
Mientras me deprime mi imagen triste y temerosa por que te lleve de nuevo el reloj.
El dios del quinto elemento se vuelve a burlar de mí.
Esta simple noche detengo por un tiempo mi levedad.
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