martes, 31 de mayo de 2011

Moustros

Tus uñas rosas que me acariciaron ahora son del color de mi sangre,
mezcladas con mis lagrimas verdes,
fosforescentes,
invisibles…

Callada y con ademanes resuelves mi existencia en el cuarto del pulque,
con un dolor incesante hasta llegar a la guarida donde te escondo de vez en cuando,
sin que se den cuenta los presentes,
escribiéndote borracho,
sin tacto pero con los dedos en la tierra,
los míos convertidos en esos besos que siguen reservados
cantando a la insoportable levedad de la noche mexicana.

Anhelo ser el ultimo de tus agentes secretos,
mientras le bajan el volumen a mi música
los peregrinos del gusano gigante que devora extraños.

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